Cambrils, en plena Costa Dorada, nos invita a disfrutar de la brisa marina que se cuela entre sus calles. Pero, ¿sabíais que Cambrils no nació a pie de playa? Su centro histórico, la Vila de Cambrils, se sitúa un poco más lejana de su larga avenida bañada por el sol.
La Vila de Cambrils nació en una época convulsa en la que el mar era preludio de peligro. Los piratas acechaban las costas catalanas y atacaban a los lugareños día sí y día también. De ahí su posición más alejada de la costa. La vida en la Vila transcurría al amparo de un pequeño recinto totalmente amurallado.

Nos disponemos a descubrir el casco histórico, la Vila de Cambrils, mediante una visita teatralizada justo en lo que era la puerta de acceso al núcleo urbano. El portón medieval, el Portal del Setge. Portal que antiguamente formaba parte del recinto amurallado erigido por Pere el Ceremoniòs. Actualmente se halla rodeado de construcciones más modernas, poco queda de lo que fue la antigua muralla. Los restos de la muralla están clasificados como Bien Cultural de Interés Nacional desde el año 1949.
A un lado del Portal del Setge, una escultura representando la hoz (Estela Falç de Enric
Pladevall-Vila) que, sin dudar, nos retrotrae a la Guerra dels Segadors, y a evocar un sitio en la Plaça del Setge. Me puedo imaginar la situación, a los habitantes del pequeño núcleo urbano luchando por defender sus hogares y medios de vida.

Pero mis ojos se van hacía tres coronas de flores secas que languidecen desde el muro bañado por el sol. ¿Qué son, qué representan…?
No están allí porque sí, las coronas nos quieren transmitir el mensaje y rememorar unos hechos que marcaron a la población de Cambrils.

Y esas coronas de nuevo nos retrotraen a la Guerra dels Segadors. Poneos en posición: corre el año 1640, se acercan las Navidades, aunque los tiempos son convulsos, entre un 10 y un 12 de diciembre los habitantes de Cambrils y poblaciones circundantes son sitiados en la Vila. Un asedio bien corto, 3 días, que no da tiempo al desgaste de fuerzas, pero sí a la traición más absoluta.
La Vila de Cambrils fue sitiada por el Marqués José Vélez, que comandaba las tropas de Felipe IV. En las sencillas murallas de la Vila, defendidas por gente del pueblo y alrededores, armada con lo que podía, no habían recursos para resistir un ataque de unas tropas equipadas con buena artillería, que los superaban con creces en número. De ahí que se pactara una rendición enseguida.
Una rendición que se había pactado como pacífica acabó en fusilamientos, saqueos y pillaje. De ahí las coronas que vemos en la pared, que se cambian cada 12 de diciembre en conmemoración de este momento.
Nos adentramos por la calle Mayor, donde, a pesar de los cambios, en algunos edificios se conserva el entramado urbano que nos permite imaginar a los carros cargados de vituallas, o de aguardiente, bebida que destilaban los habitantes de la Vila de Cambrils.

A través de fotografías antiguas, nuestro guía Joan, nos traslada en el tiempo, y podemos ver como justo en medio de la calle, cerca de la puerta de entrada, se alzaba una pequeña prensa de aceite, vemos a las mujeres con sus largas faldas, pañuelos trajinando en su devenir cotidiano…
Quizá el molino era para uso colectivo y les permitía elaborar su propio aceite, extraído del fruto de oliveras centenarias que a día de hoy todavía podemos encontrar repartidas en Cambrils. En la Vila, los habitantes se dedicaban a la agricultura, rodeados de olivos y viñas.
Las calles de Cambrils, estrechas y acogedoras, nos hablan de epidemias, sitios, ataques o plagas, pero también nos hablan del devenir cotidiano, de negocios de reinvención, del avance de los tiempos y cambio de mentalidades,… Incluso hubo un momento en que los habitantes de Cambrils decidieron cambiar su fuente de ingresos apostando por el cultivo de arroz. Idea brillante en un terreno fértil y propicio que desembocó en un verdadero fracaso cuando ciento y pico hombres de la Vila de Cambrils murieron a causa del paludismo, también conocido como malaria. Una época en la que las mujeres perdieron las propiedades junto a sus maridos, y de nuevo se volvieron a buscar alternativas.
Otra de las opciones de la Vila de Cambrils fue mirar al mar y a la riqueza del fondo marino, dando lugar al nacimiento de la Vila marinera de Cambrils, está sí, muy cerca del mar.
En el centro histórico, la Vila de Cambrils, vemos cómo se conservan algunas de las casas de la época y nos podemos adentrar en el carrer florit. En las estaciones frías nos acompañan plantas a pie de calle y colgando de los balcones, creando un espacio verde precioso que en primavera se llena de flores que despliegan sus colores por doquier.

Nuestra visita continua en la plaza de la Vila, situada en lo que serían extramuros de la vila antigua, pero que nos habla de días de mercado. Allí se celebraba, y se sigue celebrando, los miércoles el día de mercado. A día de hoy la plaza de la Vila se ha convertido en un punto neurálgico de la vida en Cambrils, con terracitas y buen ambiente.

Finalmente podemos ver la ubicación de las antiguas torres de vigilancia de la muralla, de las que tan solo se conserva una.
Si queréis adentraros en la historia de la Vila, os recomiendo que hagáis una visita guiada a la Vila de Cambrils, seguro que la disfrutéis tanto como nosotros… Las organiza la Oficina de Turismo de Cambrils. Solo tenéis que pasar por allí o entrar en su web, donde encontraréis un gran numero de actividades para hacer en Cambrils. Nos llevamos la mirada llena de casitas de colores y de historias de piratas, guerras, asedios, devenir de la vida cotidiana de un municipio agrícola. Sin duda, adentrarse en la Vila de Cambrils constituye una bonita experiencia para descubrir este municipio de la Costa Dorada más allá de sus conocidas playas mediterráneas.
Cómo llegar a Cambrils desde Barcelona
- En tren: podéis coger el tren en la Estación de Sants
- En coche: se puede llegara Cambrils por la AP-7 o por la carretera N-340