“El respeto a los que tienen modelos de vida distintos a los nuestros es uno de los elementos que más nos enriquecen como viajeros. Y eso es parte de nuestra responsabilidad.” — Montse, mischicosyyo.com
Llevo años viajando, compartiendo destinos con otros viajeros, pero os voy a ser sincera, de un tiempo a esta parte la elección y el disfrute de los destinos ha cambiado, no precisamente a mejor. El punto de inflexión fue el paréntesis tras la pandemia; a partir de ahí, una inercia peligrosa, hasta una masificación que ha llegado a límites alarmistas.
“¿Es posible viajar de forma sostenible? La respuesta corta es no. Todo desplazamiento genera un impacto, pero nuestra obligación es que sea el mínimo posible”.
Hoy, viajar de forma sostenible ya no es la opción “eco” o una moda de Instagram; es una necesidad urgente. No es únicamente una cuestión de estética y comodidad, hay destinos que están perdiendo toda su esencia y autenticidad.
No te ha pasado alguna vez que has vuelto a algun lugar que se mantenía impoluto en tu recuerdo y encontrártelo completamente cambiado, con casas de colores, las mismas tiendas que puedes encontrar en cualquier otra ciudad, esquivando los ríos de gente callejeando, mientras te preguntas: ¿y dónde está la gente de aquí, si solo veo turistas?
No os voy a engañar, hacía muchos años que no había estado en Oporto. De camino pensaba que quería seguir encontrando ese aire vetusto, desgastado, de calles con ropa tendida que, a pesar que a algunos les pueda parecer dejado, a mí se me antoja algo con cierto encanto y parte de la esencia de Oporto.
A mi regreso me encontré una ciudad mucho más colorida, con más fachadas, especialmente en la ribera del Duero, pintadas de colores vivos y alegres. Sin embargo, mantiene ciertos barrios con ese aire más viejuno, más auténtico y menos enfocado al turismo.
La Masificación y gentrificación. Cuando el destino se convierte en un decorado
Uno de los fenómenos que más me preocupa es el de la gentrificación turística. Se trata de ese proceso en el que las tiendas locales y los negocios de toda la vida desaparecen, absorbidos por cadenas que puedes encontrar en cualquier ciudad del mundo. El destino se homogeniza. Pierde su esencia. Se convierte en un decorado pensado para la foto de Instagram, no para la gente que vive allí. ¿Es realmente esto lo que te motiva a viajar?
Barcelona es un ejemplo clarísimo. En pocos años se ha gentrificado de una forma que los propios barceloneses ya prácticamente no la reconocemos como nuestra. Los restaurantes, las tiendas, los espacios públicos: todo está pensado para el turista. La vida local ha quedado relegada a un segundo plano en su propio territorio.
En cuanto a la masificación, esta no es un problema exclusivo de las grandes ciudades. Personalmente diría que me duele mucho más en las montañas y/o destinos naturales que hay que preservar.
Hace muchos años, cuando visitamos la zona volcánica de la Garrotxa, uno de los parques naturales más bonitos de Cataluña, nos encontramos con algo que no esperábamos:
“Fuimos en plan dominguero con nuestro picnic, esperando disfrutar de un día tranquilo de paseos relajados por senderos naturales. Sin embargo, quedamos un tanto decepcionados por la masificación de la zona, los caminos abarrotados y las zonas de picnic. Antes de la una del mediodía, el aparcamiento de Can Serra estaba cerrado. Todo completo, abarrotado de coches.” Mis Chicos Y Yo. 7/01/2019. Descubrir la Garrotxa; Parc Nou, Volcán de Montsacopa y Castellfollit de la Roca
La misma historia se repite en Montserrat, que como icono indiscutible de Cataluña siempre ha estado muy concurrido, pero que cada vez recibe más visitantes sin que la experiencia mejore para nadie:
“Tampoco os lo quiero pintar todo de color de rosa. Hay un punto negativo: la masificación. Es algo que debéis tener en cuenta en el momento de planificar vuestra excursión.”
El problema no es que la gente quiera viajar. El problema es que todos queremos ir al mismo sitio, al mismo tiempo, porque lo hemos visto en Instagram. Y eso está destruyendo precisamente aquello que hace especial a esos destinos.
Yo lo que te recomiendo es que busques aquel destino que te llame la atención por su historias, playas, paisajes o cultura. No te vayas allí donde va todo el mundo, porque hoy está de moda.
Hay que viajar con criterio, y a pesar de que me estoy tirando tierra encima, ya que tengo mi web y RRSS de viajes, antes de viajar a un lugar preguntaos si realmente estaréis cómodos allí.
Si un destino se encuentra en boca de todos, automáticamente lo descarto, ya que llegar a un lugar en tener que hacer una hora de cola o vete a saber, quizá más para hacer la foto que todo el mundo cuelga en el ig, de verdad, no me motiva, justamente al contrario.
Por ello, en ocasiones hemos tenido que improvisar un plan B para no formar parte de esa forma de viajar:
Al llegar al Palacio y poder contemplarlo, la realidad superó con creces las expectativas. El punto negativo fue que aquello estaba lleno de gente y parecía un hormiguero.
Personalmente, me gusta recrearme en los detalles cuando estoy en ante una joya histórica de tal envergadura. Con tal aglomeración no conseguía concentrarme en lo que estaba viendo y su significado.
Nos fuimos a otro lugar para regresar a recorrer las calles de Split a horas en las que estuvieran más despejadas y con más calma. Y fue una buena idea cambiar nuestros planes de pasar el primer día entero en Split.
Y a veces, renunciar es ganar: el tiempo que no dedicamos a Split lo invertimos en visitar uno de los recintos arqueológicos más fascinantes de Croacia: el yacimiento de Salona.
Lo ideal es buscar la desconexión. Buscar la paz. Conocer un destino por su autenticidad. Y para eso, hay que alejarse del circuito masificado y atreverse a descubrir lugares que nadie ha puesto todavía en las redes sociales.
Yacimiento de Salona, cerca de Split
Viajar de forma responsable es simplemente una cuestión de actitud
El turismo responsable no es un concepto de moda ni una etiqueta de marketing. Es una actitud. Y como toda actitud, se construye con decisiones concretas, pequeñas, cotidianas e individuales. Porque todo suma, o mejor dicho, todos sumamos.
Aquí os resumo lo que para mí significa viajar de forma responsable, a partir de años de experiencia y de muchas charlas, de ir recopilando info, de ver RRSS.
Respeta el entorno, eso es de cajón, ¿o no?
Cuando salimos a la naturaleza —ya sea al Parque de Collserola, a los volcanes de la Garrotxa o a los Pirineos— llevamos una responsabilidad. Durante un paseo por el pantano de Vallvidrera, algo que debería ser un remanso de paz cerca de Barcelona, me encontré con algo que me disgustó profundamente:
“Había muchas, muchas, caquitas de perro. Aunque estemos en la montaña resultan molestas. Y con los actos incívicos de algunos ciudadanos, al final lo acaban pagando los pobres perritos, que no tienen ninguna culpa.”
Parece una tontería. Pero si te paras a pensar no lo es. Es el reflejo de una actitud: la de quien piensa que el espacio natural es de todos, pero la responsabilidad de mantenerlo limpio es de nadie.
Siempre le enseño a mis hijos que hay que dejar los sitios que se visitan como nos gustaría encontrarlos. Es tan simple como eso.
2. Huye de las atracciones que explotan animales
Uno de los aspectos más dolorosos del turismo irresponsable es el que implica a animales. Todos, en algún momento, hemos caído en alguna trampa: pasear en camello, hacerse una foto con un tigre pequeño, bañarse con un elefante. Lo hacemos desde la ignorancia, sin saber lo que hay detrás.
El adiestramiento de elefantes en Tailandia tiene un nombre: Pajaan. Significa romper el alma. Encierros, separación de sus familias, adiestramientos duros,… todo para que nosotros nos llevemos a casa una foto bonita.
El número total de elefantes cautivos utilizados para el turismo aumentó un 70% en solo diez años. ¿No creéis que algunos aspectos de la masificación del turismo se están yendo de madre? Es responsabilidad de todos revertir esta situación buscando alternativas sostenibles: avistamientos responsables, centros de rescate como el CRAM (Centro de Recuperación de Animales Marinos, en el Prat de Llobregat), proyectos que cuidan y no explotan.
El mar también nos habla
No quiero terminar sin mencionar lo que le estamos haciendo al medio marino. En nuestra visita al CRAM, el Centro de Recuperación de Animales Marinos del Prat de Llobregat, aprendimos algo que se nos quedó grabado a fuego:
“Las tortugas son uno de los animales más amenazados por la presencia de plásticos y basura en el medio marino.”
Las prácticas poco sostenibles —basura en el medio ambiente, deforestación, masificación de las zonas turísticas de playa— están deteriorando ecosistemas que tardaron miles de años en formarse. Y la buena noticia es que existen personas e instituciones trabajando para revertirlo. Pero necesitan que los viajeros también hagamos nuestra parte.
3. Apoya el comercio y la gastronomía local
Viajar de forma responsable significa también elegir con criterio dónde gastas tu dinero. El restaurante de una cadena internacional no necesita tu apoyo. El pequeño restaurante familiar que lleva tres generaciones en el mismo local, sí.
En Bagà, un precioso pueblo medieval del Berguedà que os recomiendo con el corazón, encontramos un ejemplo perfecto de lo que debería ser el turismo gastronómico sostenible. El GastroHotel Ca l’Amagat lleva cuatro generaciones en manos de la misma familia y ha sabido reinventarse sin perder su esencia:
“Ca l’Amagat ha sabido adaptarse a los tiempos y reinventar los platos tradicionales de montaña aportándoles un toque de vanguardia, poniendo en valor ofrecer una gastronomía sostenible basada en sus platos con productos de mercado de calidad y proximidad.”
Eso es exactamente lo que hay que buscar. El productor local. El mercado del pueblo. El artesano que hace sus productos a dos kilómetros de donde estás. No solo es más sostenible: es infinitamente más auténtico, más rico y más memorable.
Y, por el amor de dios: no te vayas al McDonald’s. No cuando tienes delante la posibilidad de descubrir la cocina de una comarca, los sabores de un territorio, la historia en un plato.
Si viajas con bajo presupuesto, los mercados locales siempre son una buena opción:
Las fresas de la Dordoña, ¡totalmente irresistibles!; la primera vez que las probé fue en un mercado de Francia, y desde entonces, debo reconocer que son mis preferidas. Por suerte, nos escapamos hasta Sarlat en plena temporada de fresas, así que ya os podéis imaginar que aprovechamos la ocasión para comer unas cuantas. Y es que la mayoría de estos productos son de proximidad y no se pueden comprar en todas partes. Mi consejo en este sentido es que aprovechéis la escapada para probarlos. Los mercados son una buena opción, la más auténtica y mejor de precio.
Y hablando de mercados y economía, hago un pequeño inciso al recordar algo que aprendí en el Ecosistema Darwin de Burdeos.
Existen alternativas que demuestran que otro turismo es posible. El Ecosistema Darwin en Burdeos es el ejemplo perfecto .
es un lugar en el que se conjuga el ocio con street art, skaters, tiendas de segunda mano y la economía sostenible. Un micromundo abierto a pensar de forma sustentable. Un lugar donde se prioriza la aplicación de ideas que propician la sostenibilidad.
Lo mejor es que aquellos que trabajan en este espacio abogan por minimizar el uso del CO2, apuestan por las energías alternativas, la baja producción de residuos, la economía circular,… Además, se localiza en un espacio en el que se ha reutilizado y reconvertido el patrimonio histórico.
4. Eres tú el que se adapta al destino, no al revés. ¿qué es lo que no entendemos?
Esto es algo que me parece fundamental y que muy poca gente menciona: el destino no tiene que adaptarse a ti. Tú tienes que adaptarte al destino.
No vayas a buscar la tienda que conoces porque la hay en todos los países. No busques el ambiente que tienes en casa. Sal de tu zona de confort. Aprende cuatro palabras en el idioma local. La gente te lo agradece, así como que te intereses por sus tradiciones. Come lo que come la gente de allí. Alójate en un sitio que forme parte del tejido local.
Busca rutas alternativas y entra en el bar de toda la vida, donde la gente se reúne después de trabajar. Te garantizo que en más de una ocasión vivirás auténticas experiencas y te sentirás uno más:
Y digo que fue un antes y un después, porque aprendí a empatizar, desvestirme de prejuicios culturales. A situarme en el lugar de otra persona para, de este modo, aprender a respetar y comprender al otro.
Cuando viajamos debemos ir de fuera hacia dentro, y no al revés. Salir de nosotros mismos para comprender que, a pesar de nuestro mundo cada vez más globalizado, hay muchas percepciones diferentes, todas absolutamente igual de válidas, simplemente diversas.
Eso es la alteridad: ponerse en el lugar del otro, desprenderse de los propios prejuicios, dejar que el destino te enseñe algo. Es la forma más profunda y más honesta de viajar.
5. Reduce tu huella: también cuando viajas cerca de casa
El turismo responsable no empieza cuando cruzas una frontera. Empieza en el pantano que tienes a veinte minutos de casa. En la ruta del senderismo del domingo. En cómo llegas, cómo te comportas, qué dejas al marcharte.
Algunas pautas concretas que aplico:
Transporte público siempre que sea posible. Para llegar a Collserola desde Barcelona, por ej, los ferrocarriles son perfectos. No hace falta coger el coche.
Reduce los plásticos de un solo uso. Botella reutilizable, bolsas de tela, sin envoltorios innecesarios.
Minimiza la huella de CO₂.
Apoya los alojamientos con valores. que respetan el destino, se adaptan al entorno y poseen el sello de sostenibilidad.
También es interesante buscar actividades que optimicen sus recursos de la forma más sostenible posible.
A todos nos preocupa la sostenibilidad y, a los que amamos la naturaleza, nos encanta que las iniciativas de este estilo sean lo más respetuosas posible con la naturaleza y Niudalia lo es.
Entre las medidas que tiene esta granja de flores para ser respetuosa con el medio ambiente están:
Sistemas de riego eficientes para aprovechar el agua.
Aprovechar los recursos naturales como el agua de lluvia.
Mantenimiento de la diversidad (nosotros vimos muchos insectos polinizadores pululando entre las flores)
No hace falta recorrer miles y miles de km. A veces por mirar lejos no se ven las auténticas maravillas que podemos encontrar muy cerca de casa.
Tomando conciencia y concienciando a lo largo de los años
Cuando empece a redactar este artículo el objetivo era hacer un pequeño resumen que concentrara las ideas que he ido trasmitiendo sobre viajeros responsables a lo largo de los 12 años de trayectoria del blog.
Tengo pocos articulos que hablen de sostenibilidad y viajeros responsables como monotema. Al ir repasando artículos, ordenando ideas en mi memoria, me he dado cuenta que pincelada a pincelada vamos tomando conciencia, tú que me estás leyendo ahora, y yo misma.
Son más de 1000 post los que contiene la web, he recopilado solo algunos, los más relevantes, los que me han venido a la mente al hilo de lo que iba pensando,… pero son muchas chispitas y están en la mayoría de mis artículos sobre viajes. ¿Te animas a buscarlas?
Pongamos nuestra mejor sonrisa y creamos que poco se trabaja el tema de la sostenibilidad desde diversos ámbitos del turismo. Qué los pequeños gestos, de personas individuales, creadores de contenido, alojamientos e instituciones, van volviéndose más grandes. Eso es algo muy bueno.
Sin embargo, estamos todavía lejos de la meta y el tiempo vuela. También esta el tema del greenwashing, los tóxicos,… que se me quedan en el tintero porque me daría para otro post.
El viajero que quiero ser (y que te propongo ser)
Después de todo lo que hemos hablado, me quedo con una idea sencilla a modo de conclusión:
Busca lo auténtico. Viaja despacio. Deja los sitios mejor de como los encontraste. Y si hay que recoger basura, que no se te caigan los anillos.
No te dejes llevar por las tendencias de Instagram. Descubre ese destino que nadie ha “viralizado” todavía. Alójate en el pequeño hotel familiar. Come en el restaurante de toda la vida. Habla con la gente local. Respeta la naturaleza. Recoge lo que ensucies.
Y cuando llegues a ese lugar especial, sin colas, sin masificación, sin el ruido del mundo… te darás cuenta de que eso, exactamente eso, es viajar de verdad.